Otra circunstancia que envidiaba….

Así pasaba el invierno llena de pelos, posponiendo todo lo posible ese trámite. Qué dolor. Íbamos a un sitio muy rápido y eficaz, cerca de casa, que en 20minutos te dejaban las piernas enteras suaves y sedosas…. Eso sí, también enrojecidas y calentitas. Y recuerdo que mi amiga y vecina Blanca decía que le encantaba. Notar el calorcito denso, sentir cómo la esteticista le masajeaba con la espátula la zona a depilar…. le inducía una relajación que acababa en siesta, de la que no se despertaba ni con el tirón posterior que arrancaba los pelos de raíz. Qué envidia. Total y absoluta.

Llegó la era del láser, que también tiene su historia. Pero ya os la contaré en otro momento….

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