Amar intensamente: una breve reflexión

Hemos escuchado muchas veces, tanto en el cine, como en canciones, y últimamente a pie de calle, “si tu me dices ven, lo dejo todo”, “lo quiero tanto que daría la vida por él”, “sin él, no se estar”, “de que me sirve la vida si tú no estas en ella”.

Ahora bien, que tan reales y sentidas son estas frases y por supuesto, ¿es sana esta manera de querer o amar? ¿es así como debemos querer a alguien?, por supuesto que no, en la ficción se usan estos términos para exagerar el amor como concepto de máximo éxtasis. Pero la pregunta es, ¿se puede vivir de manera tan intensa?

Vivir de manera tan intensa nubla los demás sentidos, porque si se vive de manera tan intensa la felicidad que da el amor, ¿qué sucede cuando esta desparece y llegan las discusiones? Pues que también se viven de manera muy intensa y se entienden como “el fin del mundo”.

Es decir, viviendo cada situación de manera intensa puede llegar a hacer que los actores de la relación se desgasten más fácilmente, y como consecuencia, parten con cierta sensibilidad o irritabilidad ante cada situación. Cabe decir que en este tipo de relación se acaba perdiendo la consideración y, posteriormente, quizás el respeto.

Una manera de no perder el control de nuestras emociones y no dejar que sean ellas las que controlen nuestra relación, es ponernos límites.

De aquí la relevancia de hacer un ¡alto!, valorar qué tipo de relación tenemos (esto no debe hacerse únicamente cuando pasamos por un mal momento o significa que nuestra relación sea un desastre), y una vez en situación, plantearse donde poner ciertos límites, empezando por uno mismo, y como no, los límites hacia y con la otra persona y en la relación.

Es por eso que hay que disminuir la intensidad con la que se vive en cada situación, que no el amor, porque este puede ser el mismo pero simplemente se disfruta de una manera más relajada, y como consecuencia, probablemente más constante. Por lo tanto, esto hace que los ciclos de la relación y sus picos cuando la máxima felicidad y máxima tristeza se minimizan no se alejen tanto del estado que podríamos llamar “estable”.

De esta manera, se puede conseguir un estado de bienestar en el que los momentos de felicidad sean alegres, positivos, constructivos, y los momentos de tristeza, por así decirlo sean “baches” que no nos dolerán tanto y que se podrán resolver antes lo que hará que la relación se fortalezca.

A la vez que nos ponemos límites aprendemos a querernos y respetarnos a nosotros mismos, debemos ser cautelosos ya que la línea entre dejar de respetarnos y mantenernos íntegros es muy fina, por eso debemos separar la realidad de lo que esta sucediendo con la conversación interna negativa que nos aleja de la realidad.

Ahora bien antes que la intensidad se incremente hacia el polo negativo, os dejo unas preguntas que nos puede ayudar ante los problemas en pareja: ¿Cómo se llama nuestro problema? ¿Cómo me siento?, ¿qué hago yo ante esta situación? (para solucionarlo y/o empeorarlo), y la otra naranja de la pareja (recordar que somos naranjas enteras, no medias), ¿cómo se siente?, y ¿qué hace para emporar y/o mejorar el problema?

No me gustaría acabar este post, sin agradecerle estas pequeñas reflexiones a una gran amiga. Este post va por ti (en el buen sentido) y ¡por esas tardes solucionando el mundo!

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