¿Cómo hacer de una crisis de pareja una oportunidad para reforzarla?

crisisCon el tiempo, las relaciones de pareja pueden sufrir crisis inevitables. Según los recursos que tenga cada pareja, puede que no se den cuenta que están en crisis y acaben en fricciones que pongan en peligro la estabilidad la relación.
Esto sucede cuando en los conflictos aparece la crítica, el desprecio, el estar a la defensiva, y el utilizar tácticas de aislamiento / distanciamiento con la pareja. Los 4 jinetes del apocalipsis” , como los llama Gottman , un psicólogo del laboratorio de investigación Familiar de la Universidad de Washington.

El primer paso ante las crisis es buscar qué tipo de dificultades tenemos con nuestra pareja cuando discutimos. Aquí encontramos varios tipos de pareja y conflicto: las parejas que aceleran rápidamente el conflicto y terminan disparando cada uno desde su trinchera; las parejas pacíficas en las que siempre hay un pacificador que intenta evitar el conflicto porque no soporta la ansiedad (no porque realmente quiera solucionar el malentendido); las parejas ” doble- ciego” que evitan constantemente el conflicto y no logran una relación próxima; las parejas “lobo-corderito” donde uno siempre cede y el otro siempre domina; los “utópicos” que se obstinan en encontrar una realidad objetiva que nunca encontrarán, ya que creen que cada uno tiene parte de razón; y “los abracadabra”, que son aquellos en las que rápidamente hay un miembro que lo intenta solucionar todo sin tener que hablar demasiado y no respetando al otro su necesidad de calma.

Llegados a este punto, seguro que te preguntas, ¿y cuáles son las claves para que una crisis se convierta en una oportunidad?

  1.  Aceptar y dar lugar al conflicto en tu relación. Los conflictos no pueden evitarse. El problema no está en evitarlos, sino en saberlos manejar. Si se evitan, la rabia y el resentimiento van cargando la mochila de negatividad y la relación se va distanciando.
  2. Observar cómo empiezan los conflictos, la fase intermedia y cómo los acabáis. El principio del conflicto tiene mucho peso para determinar el curso que seguirá. Si empezáis suavemente hay más probabilidades de que acabéis suavemente. En la fase intermedia, debes tener observar si os dejáis llevar por la ansiedad, si escucháis, si estáis pendientes de qué responder o si os ponéis en el lugar del otro, etc. ¿Y al final? ¿Se llegan a conclusiones de forma tranquila o frenamos la discusión suavemente para retomarla más tarde?
  3. Pero, ¿qué ocurre si el conflicto nos ha dominado? ¡Debemos pensar en la reparación! Pedir disculpas e interesarse por cómo está el otro, por ejemplo, “sé que ayer te hice daño, lo siento ¿estás bien? ¿Hay algo más que hablar?“. La reparación es una buena herramienta para cerrar el conflicto. Un conflicto sin reparación o sin cierre final deja heridas y distanciamiento emocional.
  4. Trabajar habilidades de comunicación, negociación y empatía: Interésate por cómo se siente el otro cuando le has molestado. Esto no es nada fácil, y menos para algunos hombres, a los que socialmente se les han cortado las “alas emocionales”. Generalmente, no se les permite expresar y explorar las habilidades de inteligencia emocional. De todos modos, ¡no es una batalla perdida! Hay muchas estrategias para aprender y mejorar estas habilidades, y todos lo tenemos que hacer, tanto hombres como mujeres.
  5.  Aceptar las necesidades y debilidades del otro. Debes saber qué es importante para tu pareja, y de vez en cuando hay que contribuir a satisfacer sus necesidades. Asimismo, también debes ser clara expresando las tuyas. Muchos conflictos empiezan porque no somos lo suficientemente claros. Tampoco podemos caer en el error de pensar que los problemas se deben a la personalidad del otro. Debemos mirar dentro de nosotros y analizar la responsabilidad que tenemos en los conflictos, ya que SIEMPRE es cosa de dos.
  6. Entender que cada uno tiene sus motivos para estar molesto, y evitar las peleas donde cada uno impone su realidad. Una buena táctica es empezar las discusiones pensando que el otro tiene, aunque sea, un 1% de razón.
  7. Capacidad de autodefinirse: Tener la capacidad de aceptar y transmitir las propias opiniones, creencias e intereses. Sino cuidamos nuestro espacio, corremos el riesgo de perder el interés en respetarlo.
  8. Habilidad para reducir la tensión en las discusiones: Una cosa es tu pareja, y otra cosa son sus actos. ¿Por qué digo esto? Porque tu pareja de vez en cuando hará cosas que no te gustarán, igual que puedes hacerlo tú respecto a él. Pero esto no es motivo para ser destructivos. Conviene recordar esta premisa para ser más constructivos durante el conflicto.
  9.  Mantener un cierto grado de tolerancia a la frustración: Es necesario asumir que a veces nos enfadamos sin motivo, o hablamos en un tono poco adecuado, etc.
  10. Saber pedir perdón y tener voluntad de reparar. Estas habilidades de reparación son esenciales en las parejas. Cerrar los conflictos suavemente evitará el distanciamiento emocional y que la relación se cargue de negatividad.
  11. Expresar el afecto. ¿De qué manera el otro nota tu interés? ¿Estás segura de que cuidas la relación con afecto? Recuerda aquella frase que dice que “para que un jardín sea bonito hay que regarlo cada día”.

A partir de aquí solo puedo decirte que… ¡adelante! Los conflictos también permiten reforzar las relaciones. ¿Por qué no intentarlo tratándose de tu “compañero de vida”?

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